Introducción y «La chispa»

1. Todo gran viaje empieza con un primer paso. ¿Cuál fue el momento exacto o el punto de inflexión que te hizo darte cuenta de que querías —y necesitabas— cambiar tu salud física y tu forma física?
Hola, me llamo Patricia. Tengo 43 años, soy madre soltera de tres chicos, soy originaria de Eslovaquia y me mudé a EE. UU. en 2005.
En 2019 y 2020, perdí unas 80 libras. Pero, debido al estrés de la vida y a otras circunstancias, poco a poco empecé a recuperar el peso perdido. Antes incluso de darme cuenta, pesaba 295 libras. No entendía por qué. Cada vez que intentaba adelgazar, perdía unas pocas libras, pero las recuperaba enseguida —y de más. Caí en una profunda depresión. Me quedaba dormida llorando porque sentía que me estaba desmoronando por completo.
Fui al médico en busca de respuestas, pero en lugar de eso me despacharon con indiferencia. Me dijeron: «Simplemente estás gorda. Hazte una cirugía». En ese momento, me sentí derrotada y dispuesta a rendirme.
Entonces todo cambió.
Por fin me diagnosticaron el síndrome de ovario poliquístico (SOP) y, de repente, muchas cosas empezaron a tener sentido. En lugar de culparme a mí misma, por fin comprendí contra qué había estado luchando mi cuerpo.
En 2023, completé mi primera maratón, y ese fue el momento en el que me di cuenta de que podía hacer cualquier cosa que me propusiera de verdad. A partir de ahí, contraté a un entrenador, trabajé más duro que nunca y acabé perdiendo 140 libras.
Pero este viaje se convirtió en algo mucho más importante que la pérdida de peso.
Se convirtió en una forma de demostrarme a mí misma que podía ser constante, recuperar la confianza en mí misma y volver a tomar las riendas de mi vida. Poco a poco, el gimnasio dejó de ser solo un lugar para hacer ejercicio: se convirtió en terapia, en disciplina, en una forma de aliviar el estrés y en un recordatorio de que el cambio es posible cuando te niegas a rendirte ante ti misma.
Ahora, al echar la vista atrás, estoy agradecida por haber dado ese primer paso, aunque me resultara incómodo y abrumador, porque esa única decisión cambió por completo el rumbo de mi vida.
2. Cuando decidiste por primera vez comprometerte con esta transformación, ¿cuáles eran tus principales objetivos? ¿Eran puramente estéticos o buscabas cambios más profundos en tu salud y tu mentalidad?
Cuando decidí por primera vez comprometerme con mi transformación, mis objetivos, sinceramente, tenían que ver con la supervivencia y con el deseo de volver a sentirme yo misma.
Al principio, era algo muy físico: solo quería perder peso. Quería sentirme cómoda con mi cuerpo, dejar de sentirme agotada todo el tiempo y dejar de mirarme al espejo y sentirme decepcionada. Así que sí, en parte era una cuestión estética, porque había llegado a un punto en el que ya no me reconocía a mí misma.
Pero muy pronto se convirtió en algo mucho más profundo que eso.
No solo intentaba cambiar mi aspecto, sino también mi forma de vivir. Quería recuperar mi salud. Quería recuperar mi energía. Quería estar presente para mis hijos sin sentirme constantemente agotada, frustrada o atrapada en mi propio cuerpo.
Y mentalmente, estaba librando batallas aún más duras. Quería romper el ciclo de perder y volver a ganar peso, acabar con la inseguridad y dejar de sentir que fracasaba por mucho que lo intentara. Quería paz mental, no solo un cuerpo más delgado.
Cuando me diagnosticaron el síndrome de ovario poliquístico (SOP), todo cambió aún más. Dejó de ser una cuestión de castigo y pasó a ser una cuestión de comprender mi cuerpo y trabajar con él en lugar de contra él.
Así que, aunque puede que todo empezara con el deseo de perder peso, se convirtió en algo mucho más grande: reconstruir mi confianza, sanar mi mentalidad y aprender que era capaz de ser constante, disciplinada y de cambiar —incluso cuando la vida me abrumaba—.
Hábitos y disciplina

3. Cambiar de estilo de vida suele implicar romper con viejos hábitos. ¿Cuál fue el hábito más difícil de abandonar y cómo lo sustituiste por uno más saludable?
El hábito más difícil de dejar atrás fue ponerme excusas a mí misma. Solía decirme que «empezaría el lunes», me saltaba los entrenamientos cuando estaba cansada o recurría a la comida para consolarme tras días estresantes. Ese ciclo me mantenía estancada tanto física como mentalmente.
Lo que cambió fue darme cuenta de que la motivación va y viene, pero que la disciplina es lo que realmente te transforma. En lugar de centrarme en ser perfecta, me centré en ser constante. Sustituí las comidas emocionales nocturnas por la preparación de comidas y opciones más saludables, sustituí las excusas por el ejercicio diario y sustituí el diálogo interno negativo por pequeñas promesas que me hacía a mí misma y que realmente cumplía.
Con el tiempo, esos pequeños cambios se convirtieron en hábitos, y esos hábitos se convirtieron en mi estilo de vida. La mayor transformación no fue solo mi cuerpo, sino el desarrollo de una mentalidad que ya no se rinde ante sí misma.
4. La constancia es la clave fundamental para el crecimiento muscular y la pérdida de grasa. ¿Cómo mantienes la motivación y la disciplina esos días en los que, sencillamente, no te apetece entrenar ni comer sano?
Me recuerdo a mí misma que la motivación es pasajera, pero que los resultados se consiguen con disciplina y constancia. Sin duda, hay días en los que no me apetece entrenar ni comer sano; soy humana. Pero he aprendido que el progreso se construye en los días en los que, a pesar de todo, sigues adelante.
En esos días difíciles, dejo de negociar conmigo misma. No me pregunto: «¿Me apetece?», sino: «¿En qué tipo de persona quiero convertirme?». A veces el entrenamiento no es perfecto, a veces solo se trata de superarlo, pero sigo acudiendo porque la constancia importa más que la perfección.
También me centro en el panorama general. Mi camino va más allá de la pérdida de peso o el crecimiento muscular: se trata de salud, confianza, longevidad y demostrarme a mí misma que soy capaz de hacer cosas difíciles. El gimnasio se ha convertido en mi terapia, mi válvula de escape y mi recordatorio de que soy más fuerte que mis excusas.
Y, sinceramente, ver lo lejos que he llegado me anima a seguir adelante. No quiero volver nunca a esa versión de mí misma que se sentía estancada, poco saludable e infeliz. Eso por sí solo es motivación suficiente para seguir avanzando.
Nutrición y entrenamiento
5. La nutrición suele ser la parte más complicada de un proceso de puesta en forma. ¿Cómo ha evolucionado tu relación con la comida desde que empezaste este proceso?
Al principio de mi camino, veía la comida como una recompensa o un castigo. O bien me restringía demasiado o comía por razones emocionales cuando la vida se volvía estresante. Pensaba que conseguir resultados significaba pasar hambre, prescindir de todo lo que me gustaba y perseguir la perfección. Pero con el tiempo, me di cuenta de que ese tipo de mentalidad nunca era sostenible.
Ahora, mi relación con la comida es completamente diferente. Ya no veo la comida como un enemigo, sino como combustible, alimento y una forma de respeto por mí misma. He aprendido que el equilibrio es mucho más poderoso que los extremos. Sigo disfrutando de los alimentos que me encantan, pero también entiendo la importancia de darle a mi cuerpo lo que necesita para sentirse fuerte, con energía y sano.
La mayor transformación no fue solo física, sino mental. Dejé de obsesionarme con ser «perfecta» y empecé a centrarme en la constancia. Aprendí a escuchar a mi cuerpo, a interpretar las señales de hambre y a tomar decisiones que me ayudaran a alcanzar mis objetivos sin sentirme culpable por ello.
La nutrición dejó de ser un castigo para convertirse en una forma de cuidarme. Y, sinceramente, ese cambio de mentalidad es lo que ha hecho que este estilo de vida sea sostenible para mí.
6. En un mundo lleno de mitos sobre el fitness y de estrategias de marketing engañosas, ¿qué importancia tuvo para ti contar con una orientación estructurada, sincera y de alta intensidad para tus entrenamientos y tu dieta?
Fue extremadamente importante porque, cuando empiezas tu camino hacia el fitness, la verdad es que internet puede resultar abrumador. Cada día hay un nuevo «secreto», una nueva dieta de moda, un suplemento mágico o alguien que intenta venderte un atajo. Una persona te dice que elimines los carbohidratos, otra que ayunes durante 20 horas y otra afirma que puedes transformar tu cuerpo en 30 días con poco esfuerzo. La confusión se apodera de ti muy rápidamente.
Contar con una orientación estructurada, honesta y de alta intensidad lo cambió todo para mí, porque eliminó las conjeturas. Dejé de perseguir modas y empecé a centrarme en los fundamentos probados: constancia, nutrición adecuada, entrenamiento progresivo, recuperación y disciplina. Esa estructura me aportó claridad, confianza y expectativas realistas.
También aprendí que la verdadera transformación no es glamurosa. Es repetitiva. Consiste en acudir a los entrenamientos los días que estás cansada, mantener la disciplina cuando la motivación desaparece y comprender que los resultados llevan tiempo. Una orientación honesta me ayudó a dejar de compararme con los estándares poco realistas de las redes sociales y, en su lugar, a centrarme en construir, paso a paso, una versión más sana y fuerte de mí misma.
La parte de alta intensidad del entrenamiento también me enseñó resiliencia mental. Me empujó más allá de lo que creía que era capaz de hacer, no solo físicamente, sino también mentalmente. Cada entrenamiento difícil se convirtió en una prueba de que también podía hacer cosas difíciles en otros ámbitos de la vida.
Y lo más importante: una orientación estructurada me ayudó a construir un estilo de vida sostenible en lugar de depender de soluciones temporales. Eso es lo que realmente cambió mi cuerpo, mi mentalidad y mi relación general con el fitness.
Superar obstáculos y mentalidad
7. Todos nos encontramos con obstáculos en el camino. ¿Cuál fue el mayor obstáculo con el que te topaste durante tu transformación y cómo lo superaste?
Lo que viví durante mi primera preparación no fue solo entrenamiento físico: fue la vida poniéndome a prueba en todos los niveles al mismo tiempo. Estaba lidiando con el impacto emocional de una ruptura que surgió de la nada, tras haber sido ignorada durante días. Además de eso, mi situación en casa se estaba desmoronando, literalmente: un tejado con goteras, un techo derrumbado en la habitación de mi hijo y el estrés de una temporada de huracanes muy intensa. Parecía que todo lo que podía salir mal estaba sucediendo a la vez.
Y, sinceramente, tenía todas las razones para dejarlo. Todas las razones para decir «esto es demasiado» y alejarme de mis objetivos. Pero algo cambió en mí durante ese tiempo. En lugar de doblegarme, esos obstáculos agudizaron mi concentración. Dejé de verlos como excusas y empecé a utilizarlos como combustible.
El entrenamiento se convirtió en mi válvula de escape. La nutrición se convirtió en mi estructura. La disciplina se convirtió en mi forma de mantener los pies en la tierra cuando todo a mi alrededor parecía inestable. No caí en una espiral descendente, sino que me centré aún más. Decidí terminar lo que había empezado, no porque fuera fácil, sino porque era lo único que aún podía controlar cuando todo lo demás parecía estar fuera de control.
Esa experiencia me enseñó que la resiliencia no se forja cuando la vida es perfecta, sino cuando todo se desmorona y, aun así, sigues adelante.
8. Una transformación física siempre conlleva un cambio mental. ¿Cómo han cambiado tu confianza y tu visión de la responsabilidad personal desde que tomaste el control de tu cuerpo?
Mi transformación física no solo cambió mi cuerpo, sino que redefinió por completo la forma en que me veo a mí misma y cómo afronto la vida en general. Antes, mi confianza era inestable. Dependía demasiado de las circunstancias, las emociones o la validación externa. Si las cosas iban bien, me sentía bien. Si la vida se complicaba, me cuestionaba todo sobre mí misma.
Tomar el control de mi cuerpo cambió ese patrón. Una vez que me comprometí con algo tan exigente como el entrenamiento, la nutrición y la constancia, empecé a verme de otra manera. Me demostré a mí misma que soy capaz de seguir adelante, incluso cuando resulta incómodo, inconveniente o emocionalmente difícil. Eso genera un tipo diferente de confianza: una que no se basa en el estado de ánimo, sino en hechos.
Mi visión de la responsabilidad personal también cambió. Dejé de culpar a las circunstancias de todo y empecé a centrarme en lo que puedo controlar. Mis acciones, mis hábitos, mi disciplina, mi mentalidad… todo eso pasó a ser mi responsabilidad. Y esa mentalidad empezó a extenderse a todos los ámbitos de mi vida, no solo al fitness.
Ahora no veo los retos como cosas que me suceden, sino como cosas a las que respondo. Ese cambio creó un sentido de control sobre mi vida que nunca antes había tenido. Y con ello llegó una confianza más profunda y serena: de esas que no necesitan demostrarse ante nadie, porque ya me la he demostrado a mí mismo.
Resultados y consejos


9. Al mirarte hoy en el espejo y compararte con cómo eras cuando empezaste, ¿cuál es el logro —físico o mental— del que te sientes más orgulloso?
Ahora, al mirarme en el espejo, por fin veo la versión de mí misma con la que solía soñar: no perfecta, pero sí fuerte, resiliente y sanada de formas que ni siquiera imaginaba que fueran posibles en aquel entonces. No se trata solo del cambio físico, sino de en quién me he convertido a lo largo del proceso.
Estoy orgullosa de cada paso que di, de cada contratiempo que superé, de cada lágrima que nadie vio y de cada libra que perdí por el camino. Nada de este viaje me fue regalado. No tuve a nadie que me cogiera de la mano o me ayudara a superarlo; tuve que averiguarlo por mí misma, mantener la constancia y seguir adelante incluso cuando era difícil.
Y por eso, el orgullo me llena de una forma diferente. No es ostentoso ni arrogante, es profundo. Es saber que no me rendí cuando fácilmente podría haberlo hecho. He construido esta versión de mí misma a base de disciplina, esfuerzo y perseverancia. Y, por primera vez, puedo decir con toda sinceridad: estoy orgullosa de mí misma.
Hay mucha gente que lee tu historia en Olarte Coaching y que quiere cambiar, pero tiene miedo de dar el primer paso.
10. ¿Cuál es el único consejo que le darías a alguien para ayudarle a dar ese primer paso hoy mismo?
El consejo más importante que te daría es este: deja de esperar a sentirte preparado.
La mayoría de la gente pospone dar el primer paso porque cree que necesita más motivación, más confianza, más tiempo o el plan «perfecto». Pero la verdad es que nada de eso llega primero. Lo que llega primero es la acción.
Empieza poco a poco, empieza sin que todo sea perfecto, pero empieza hoy mismo. Sal a dar un paseo. Haz ejercicio. Prepara la comida. Bebe agua. Sea cual sea tu versión del primer paso, da ese paso sin darle demasiadas vueltas. No necesitas transformar toda tu vida en un solo día, solo tienes que demostrarte a ti mismo que puedes empezar.
Porque, una vez que empiezas, el impulso se apodera de ti. Y ese primer paso incómodo es siempre la parte más difícil, pero también es el que lo cambia todo.
Permíteme añadir mi cita favorita: «¡Los campeones cambian el plan, no el objetivo!».
